Y el Oscar a la mejor disculpa es para… ¿Cuándo se jodieron los Oscar?

Pedir que los Oscar premien exclusivamente la excelencia cinematográfica es como, no sé, exigir al Planeta que tenga algo que ver con la literatura. Los premios de la Academia de Hollywood, como cualquier acontecimiento mundial que implica, además de mucho dinero, a infinidad de firmas comerciales (es decir, más dinero) que ven en ellos una manera de arañar algo de eso llamado prestigio (es decir, mucho más dinero) hace tiempo que van de otra cosa. O de más cosas. Puede que importe la tan cacareada excelencia, pero no solo. Hasta hace poco, cualquier aficionado al cine sabía que detrás de los Globos de Oro iban los Oscar. Y eso era así hasta el punto de que los primeros eran, se decía cansinamente, «la antesala» de los segundos. Ahora no, la llamada «temporada de premios» es una carrera de fondo con más antesalas que el palacio de Buckingham que incluye los galardones de todos los gremios (actores, directores, productores, críticos, efectos especiales…), varias meriendas informales, dos o tres formales, dos vueltas al mundo, 324 alfombras rojas, 42 portadas de revistas y un auténtico ejército de publicistas maestros del Excel.

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